Necesitamos construir un sueño con más corazón

silviaLa crisis por la que atraviesan Estados Unidos y otros países  que hoy en día están amarrados a su mismo modo de producir, publicitar, vender y gastar, y a su mismo estilo de vida, debiera hacernos reflexionar sobre este sueño del que hablamos.
Tener sueños es absolutamente válido. Si están basados en la realidad, si tienen corazón, los sueños son visiones que nos empujan hacia delante. Nos dan un propósito y nos señalan el sentido en el que debemos dirigir nuestras vidas. 
Creo que mis lectores estarían de acuerdo si digo que para la mayoría de los latinos nuestro mayor sueño es que nuestros hijos sean felices. Posponemos nuestra propia comodidad por ellos; sacrificamos nuestros anhelos y gustos por los de ellos e incluso -qué paradoja- trabajamos tanto que ni tenemos tiempo para ellos, ¡pero lo hacemos por ellos!
Entonces hay que plantearse cuál es esa felicidad que queremos para ellos y si la definición que le hemos dado a la palabra “felicidad”, es aún válida dada la encrucijada en que se encuentra la “civilización occidental”.
Incita curiosidad que el 70 por ciento de los norteamericanos hayan tomado antidepresivos en algún momento de su vida; que el alcoholismo y el abuso de sustancias sea tan frecuente; que los americanos desde pequeños exploren a riesgo de sus vidas cómo intoxicarse con pinturas, pegantes, freón, antitusivos y hasta “hand sanitizers”, que aumenten los suicidios y las guerras.
Me llama la atención porque, si éste es el estilo de vida que buscamos para que los nuestros dizque sean felices, cómo se explica que los síntomas de la felicidad por lo general sólo se vean en las fiestas donde la gente se está in- toxicando con sustancias y no en la vida cotidiana donde se dilucidan los asuntos del corazón. No tiene lógica que la gente tenga que poner tóxicos en su cuerpo para sentirse bien.
Pero ese parece ser el mensaje… toda la felicidad existe en las sodas, las bebidas llenas de cafeína y hasta en las crujientes papas fritas, según los comerciales. Y si esas delicias no te hacen feliz, para eso está el Prozac como antidepresivo.
Pero por desgracia, la felicidad no viene con el dinero, ni con lo que llamamos éxito profesional, ni con las píldoras que recetan los psiquiatras a los desesperanzados.
La sociedad de consumo está en una disyuntiva bien difícil
Si de pronto comprendiéramos que la felicidad es un estado del alma que nos permite ver que todos somos uno,  que SER es más importante que TENER… si de pronto nos diéramos cuenta que la felicidad no llega para quedarse cuando adquirimos casas, diplomas u objetos y si de pronto, conscientes de nuestro impacto sobre el planeta, dejáramos de consumir las cosas que realmente NO son esenciales para nuestra subsistencia y comodidad, esta sociedad de consumo se desboronaría.
Fíjense en lo prolongado de una recesión donde por mucho que la pu-blicidad presione, el consumidor no tiene con qué comprar esos productos o servicios de los que de pronto encuentra que si puede prescindir.
La crisis sobreviene esencialmente porque se produce más de lo necesario y entonces los productores no tienen más remedio que presionar a la gente a consumirlos creándoles necesidades nuevas. Que tristeza ver a la gente comprometiendo su salud, trabajando más horas de las que el cuerpo resiste, para adquirir más y más bienes, para pagar por los gastos de la salud que se desgastó innecesariamente en una carrera motivada por el ansia de tener.
Cada año salen al mercado versiones nuevas del celular, el computador, el aparato de sonido. En los últimos 40 años hemos pasado del disco de vinilo al cassette, al CD, al i-pod. El Internet ha ido reemplazando a la máquina de escribir, los periódicos, los libros, los noticieros radiales, los cines, el diálogo personal.
Y toda esta extraña “evolución” del ser humano nos vuelve seres tremendamente ocupados, impersonales, adictos a una pantalla. No hay tiempo para el amor, para compartir, para salir de paseo. He visto parejas texteándose una a otra, sentados uno junto al otro en el mismo cine.
He visto personas que no pueden entrar a una tienda sin comprar algo que no necesitan, sólo porque tienen los dólares en la cartera y además, están de paseo.
También me consta, y a ustedes, que los garajes y los closets se nos llenan de cosas que no se utilizan; se botan a la basura objetos intactos que han sido reemplazados por otros más nuevos;  que los hermanitos menores ya no aceptan heredar ropas de los mayores.
¿Esto es el “sueño americano” que tanto persiguen? Yo creo que la gente hace el juego a la sociedad de consumo por la embriaguez del momento en que se compró esa cosa fabulosa que anunciaron en la televisión. Pero esa embriaguez, como la de las sustancias que se consumen en una fiesta, sólo dura unos instantes, se evapora.
¿Qué queda? 
La crisis tiene que dar paso a un nuevo pensamiento. A una nueva ma-nera de sentir y de hacer las cosas. A una nueva manera de tratarnos entre nosotros y de respetar al planeta.
Podemos reflexionar. Pero ¿queremos cambiar? Ahí está el quid del asunto.

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El significado de un sueño

silviaHace poco vi “Entre Nos”, una película que describe la historia de una colombiana que llega a Nueva York con su esposo y dos hijos en busca, como la mayoría de los inmigrantes, del “sueño americano”. Y, como para la mayoría de los inmigrantes, este sueño pasa por su etapa de pesadilla.
Ante las dificultades iniciales para conseguir un empleo bien remunerado, el esposo resuelve irse a Miami solo y poco tiempo después ya no quiere ni traer a su familia con él ni regresar. La esposa abandonada tiene que recurrir a vender empanadas en la calle, recoger latas vacías en la basura para venderlas y dormir en el parque son sus niños.
¿De qué se trata realmente el sueño americano? ¿Por qué razón una persona acepta someterse a tanto sacrificio en pos de un sueño que no se sabe si se hará realidad? Mientras veía la película, me preguntaba muchas cosas. ¿Por qué dejaron su país de origen? ¿Qué estaba esta familia en realidad buscando?
Hay muchas razones para dejar atrás nuestros países. En la biblioteca de Golden Gate he ofrecido por casi 6 años una clase gratis de conversación en inglés y no porque mi inglés sea perfecto sino porque la clase me da la oportunidad de crear un grupo de apoyo a donde los inmigrantes, especialmente los recién llegados, se consuelan entre si compartiendo sus historias, se aconsejan y guían, e incluso comparten oportunidades de empleo.
Por allí he visto desfilar desde una economista boliviana que dejó en arriendo su enorme casa de dos pisos en su país y se vino a vivir en un cuartito y a trabajar como baby-sitter hasta un mexicano joven, cuya tesis de grado fue laureada, que prefirió venirse atra-vesando el desierto a aplicar por una beca en una universidad de este país, lo cual le hubiera entre otras cosas, dado un estatus inmigratorio legal.
También conocí a un dentista colombiano que llegó a trabajar pegando ladrillos cuando la construcción aún ofrecía nuevos empleos. Sin saber inglés le era imposible validar su profesión aquí y $15 la hora eran un salario suficiente para mantener a su familia, la cual regresa ahora después de casi diez años, con las alas rotas, a su país.
Es cierto que muchas personas emigran porque su situación es insostenible en Latino América. Violencia, mafias, secuestros, falta de empleo, salarios muy bajos, son todas circunstancias que justifican nuestro destierro.
Sin embargo, y pregunto de nuevo, ¿de qué se trata el sueño americano? Cuando vemos a este país sumido en una crisis que aún se manifiesta con altos índices de desempleo, tenemos que hacernos esta pregunta.
En teoría, el sueño es sobre una li-bertad que incluye una promesa de prosperidad y éxito. Pero para la mayoría de inmigrantes de la última década con tres recesiones, este sueño parece cada vez más esquivo y aún más imposible para aquellos que no dominan el inglés o carecen de estudios universitarios.
En la segunda frase del la Declaración de Independencia se lee que todos los seres humanos hemos sido creados iguales y dotados por el Creador con derechos inalienables que incluyen la vida, la libertad y la búsqueda de felicidad.
Si leemos las noticias, si ponemos atención a los comerciales, nos damos cuenta que esa búsqueda de felicidad se ha interpretado como la búsqueda de bienes materiales y dinero.  El Director Ejecutivo de Hewlett-Packard acaba de renunciar porque una denuncia de acoso sexual dejó claro que estaba manejando ciertas finanzas en su beneficio.
Hace poco el financista Allen Stanford fue acusado de hacer trampa a 50.000 clientes, prometiendo increíbles ganancias y captando alrededor de 8 billones de dólares.  Luego huyó.
Bernard Madoff, caso que conoce todo el mundo, defraudó a los inversionistas una suma de alrededor de 50 billones, como broker en la bolsa de valores. Madoff es un caso típico, un modelo de sueño americano. Fundó su compañía trabajando como salvavidas en Queens y fue por muchos años apenas un intermediario entre compradores y vendedores de acciones.
Pero también ilustran la mala interpretación que se ha hecho del sueño americano las víctimas de estas estafas que cayeron en las garras de los peces gordos por su ambición y su deseo de ganar dinero fácil.
Estos casos ilustran algo muy triste y muy serio.
En primer lugar, ¿cómo puede perseguirse “la felicidad” a costa de defraudar y arruinar a cientos de personas? En segundo lugar, ¿no será que la malinterpretación del sueño americano y de la búsqueda de la felicidad nos está conduciendo a una no-ética en el trabajo, en las relaciones?
Me parece importante reflexionar sobre los valores que guían nuestra vida. ¿Depende en realidad la felicidad de lo que logros materiales? O ¿es la felicidad un asunto que depende de nuestra evolución como seres humanos?
Más sobre este tema en la próxima columna.

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Cuando tu niño no es como los demás

silvia2Gabby no es como las demás. Se apresuró en nacer y vino al mundo cuando su mamá sólo  tenía 27 semanas de embarazo. Pesaba poco menos que 2 libras y el médico consideró necesario tenerla en la unidad de cuidados intensivos a donde se la podría alimentar con una sonda (no era capaz de chupar) y se la podría tener bajo vigilancia 24 horas al día.
“Los niños prematuros son muy frágiles”, le explicó la Dra. Martínez a los papás de Gabby. “Ellos no han terminado de madurar.”
En cuidados intensivos a Gabby le suministraron Garamicina como antibiótico profiláctico. Su sistema inmune no estaba en condiciones  de resistir una infección y la médica consideró preferible tomar medidas preventivas.
Gabby estuvo en el hospital 6 semanas sin complicaciones y se pudo ir a casa tan pronto como fue capaz de chupar el biberón por sí sola.
Mary y Thomas se dedicaron a la chiquita en cuerpo y alma. En el hospital las horas de visita eran restringidas pero ahora podían abrazarla y acunarla todo lo que quisieran. Habían estado muy tristes y preocupados durante el mes anterior.
A los 4 meses de nacida, Mary llevó a Gabby al pediatra para las primeras vacunas. Cuando le dijo a la pediatra que la niña no levantaba aún la cabeza, no sonreía y pasaba casi todo el tiempo durmiendo, la médica le restó importancia a las preocupaciones maternales y explicó que ajustando la edad de Gabby de acuerdo a su prematurez, la edad real de la niña era dos meses y por lo tanto no había que esperar sino lo que estaban viendo.
Mary aceptó las explicaciones pero no bajó la guardia. La doctora recomendó contactar una agencia de intervención temprana para una evolución y María llamó inmediatamente. Gabby tenía casi 6 meses cuando la agencia hizo la evalua-ción. Encontraron a Gabby atrasada en casi todas las áreas de desarrollo. No estaba aún sosteniendo bien la cabeza, no se cogía las manos, no sostenía el biberón, muy rara vez sonreía, sólo emitía unos pocos sonidos y parecía no reponder a estímulos.
La agencia recomendó otras evaluaciones: un examen audiológico, una eva-luación de una fisioterapeuta y pedir a la pediatra una remisión al neurólogo.
Mary y Tomas se entristecieron mucho al oír que Gabby tenía una pérdida importante de audición en ambos oídos, producida quizás por la Garamicina. La médica explicó que el uso de antibióticos era cuestión de vida o muerte para un prematuro y que por eso se corría el riesgo, sabiendo que se suministraba una droga tóxica para los riñones y los oídos, que además afecta el tono muscular.
• El caso de Gabby no es poco común
Parte de mi trabajo como terapeuta es atender familias con niños que tienen algún tipo de atraso en el desarrollo. Cuando los padres descubren que su hijo nació con por ejemplo, Sindrome de Down, o parálisis cerebral o cualquier otra condición que afecte su desarrollo, se deshacen sus ilusiones. Es una realidad dura de enfrentar.
Y sin embargo, en mi experiencia, estos niños “especiales”, con necesidades únicas; niños que requieren una dedicación singular de todos los miembros de la familia, de sus profesores, de sus amigos; niños para quienes las cosas más na-turales se convierten en tremendos retos, como llevarse la cuchara a la boca o incluso caminar, estos niños vienen con las manos llenas de bendiciones.
No conozco un solo padre o madre cuyo hijo o hija presente un atraso en su desarrollo que no se sienta afortunado por el aprendizaje que ha resultado del cuidado brindado a su niño.
Incluso cuando están exhaustos, cuando estallan las crisis, cuando las esperanzas parecen rotas, estos padres saben del amor tan especial que sus hijos les inspiran. Hay tanto orgullo en cada logro de sus muchachos, hay tanto empeño en sacarlos adelantes.
En otras épocas, y quizás aún en ciertas culturas, estos chiquitos traían vergüenza a la familia, eran un estigma que se llegó incluso a considerar el pago o castigo por algún misterioso pecado.
Afortunadamente la ciencia nos ha ayudado a entender cuáles son las causas de estas condiciones que afectan a los niños y se han ido desarrollando los recursos y los conocimientos que nos permiten apoyar y estimular su desarrollo.
Gabby que ya tiene 14 meses, por ejemplo, recibirá implantes cocleares que le permitirán oír. Está aprendiendo a comunicarse con signos y la fisioterapeuta ha conseguido aparatos ortopédicos que la ayudan a sostenerse en pie con lo cual pronto podrá comenzar a caminar.
Con la ayuda del la consejería familiar, Mary y Thomas han superado la crisis ocasionada por el descubrimiento de las limitaciones de la niña, han entendido que tienen que fortalecer su relación y que en el mutuo apoyo encontrarán la fortaleza para ayudar a Gabby a seguir adelante.
Cuando Gabby entre a la escuela, enfrentarán otros retos pero ya habrán construido un eficiente sistema de apoyo, habrán estudiado a profundidad su condición y cómo ayudarla y estarán listos para apoyarla cuando el proceso de socialización encuentre tropiezos.
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Ya no hay puentes posibles para la brecha generacional

silvia1Hay una expresión que se usaba mucho y siempre ha despertado mi curiosidad: “En mi época…” o “En mis tiempos…” Cuando se la escuchaba a mi mamá siempre me daba un poco de pesar en el alma. A los 30 y pico, a los 40, una persona consideraba que ya “su época” había pasado. ¿Era esto porque se le daba tal valor a la primera juventud que después no existía “época” capaz de contener la misma magia, el mismo encanto, la misma validez? La persona se sentía completa cuando ya tenía su negocito o su oficio él, sus hijos ella.
A medida que envejezco voy notando que mi definición de juventud cambia. No hay duda que la mejor viene siendo: “Jóvenes son todos aquellos que tienen mi edad o son menores que yo”, lo cual me coloca de todos modos muy cerca de la juventud pero en un paraíso añoso en el cual se disfruta de la sabiduría acumulada por los años y del respeto de las generaciones que vienen detrás.
Pero, ¿si?
Cuando miro hacia atrás, hacia el pasado, me da un tris de nostalgia. Los papás ya no están, no existe ya la casa paterna a donde llegaba como a un oasis estupendo en el cual me empalagaba de dulces típicos, de comidas llenas del más prodigioso sazón (con ingrediente “mamá”, siempre irremplazable), anticipando sobremesas a veces un poco demasiado calientes…
Esa nostalgia tiene mucha razón de ser.
Pero también hay una nota de añoranza que es casi resistencia a la modernidad, por unas costumbres que no tienen cabida ya en esta época de comidas precongeladas (adiós a la inigualable sazón) o calentadas en el microondas. Ya no existen cosas como las sentadas en el sillón de la sala para continuar la lectura de la última novela de nuestro autor favorito o la deliciosa anticipación de la llamada de un ser querido (larga distancia, ¿una vez a la semana, al mes?) porque las comunicaciones se han vuelto tan fáciles que se ha hecho rutina escribir en el “wall” de Facebook “profundas reflexiones” sobre la ¡forma en que la vecina poda el césped o el estupendo sabor de una bebida! Y las comunicaciones se han vuelto tan frecuentes…. ¿Cuántas veces al día chequeas si tienes o no emails? Y, ¿dónde los chequeas? ¿En tu laptop, PC, blackberry, IPhone? Y cargamos teléfonos celulares que nos permiten “conectar” con todos en segundos.
Tal vez la nostalgia más grande es por el tiempo libre que quedaba al final del día cuando ya se habían terminado las labores. Cuando no existía aún esta esclavitud del Internet que nos ha puesto el fascinante mundo en las manos. Cuando podíamos tomarnos un café con una amiga y ella no tenía que estar mirando si tenía mensajes nuevos en el celular.
No me quejo, sigo creyendo que el Internet es el mejor invento del mundo.
Pero ese del que hablo es un mundo que finaliza con mi ge-neración porque es completamente ajeno a las nuevas generaciones.
Mi hija adora el ajiaco bogotano  y los fríjoles antioqueños pero ni siquiera tiene la intención de un día aprender las recetas. Llegará un momento en que los niños de hoy crecerán sin entender por qué alguien querrá darle algún valor a una antigüedad en un tiempo donde todo se desecha antes el año. La historia… pasará a la historia y me imagino que los humanos aprenderán a vivir en el presente virtual de los libros holográficos (que ya vienen en camino y se llaman libros aumentados).

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¿Cuándo es prudente buscar la ayuda de un consejero de salud mental?

silvia¿Cuántas veces en la vida has sentido que va a reventar, que no puedes más? ¿Has perdido a alguien muy querido y has quedado con una sensación de desolación? ¿Te has dado cuenta súbitamente que tu trabajo no te hace feliz y preferirías cambiar de rumbo pero la sola idea te asusta? ¿La familia está pasando por una crisis y parece que todo va a explotar? En cualquiera de esos casos lo más prudente es buscar la ayuda de un consejero de salud mental (mental health counselor).
La palabra consejería describe una relación terapéutica caracterizada por la colaboración entre un individuo, una pareja, una familia o un grupo con un profesional especialmente entrenado en relaciones interpersonales, conflictos emocionales y crisis vitales. La función del terapeuta es apoyar a quienes estén pasando por una crisis o un momento especialmente difícil o decisivo, hasta que pongan orden en su vida o en su mente, para que superen una profunda tristeza, tomen decisiones importantes o mejoren sus relaciones. A veces la función de un consejero o terapeuta es ayudar en la búsqueda de respuestas a preguntas existenciales, fortalecer al paciente para que enfrente mejor las crisis.
Los consejeros profesionales ayudan a sus clientes a identificar la causa de su malestar, definir metas y encontrar soluciones a problemas que están causando tensión emocional y mental.
En una sesión de consejería, las personas adquieren habilidades de comunicación interpersonal y aprenden a enfrentar situaciones que les asustan, fortalecen su autoestima y cambian la manera de percibirse a si mismos, a los otros y al mundo. Los clientes examinan sus comportamientos, pensamientos y sentimientos y llegan a comprender cómo estos están causando dificultades en sus vidas.
Todos sentimos la necesidad de alguien que nos escuche sin juzgarnos. La consejería no es sólo para quienes sufren problemas psicológicos serios. Una consejera puede ayudar a una persona a identificar sus verdaderas necesidades y encontrar la persona que ellos realmente quieren ser.
La relación terapéutica con un consejero es esencialmente fortalecedora. Todo lo que se dice durante las sesiones de terapia es estrictamente confidencial y un consejero profesional ofrece a su cliente aceptación incondicional. En ocasiones, el terapeuta o consejero debe confrontar al paciente con sus temores, sus negaciones y sus raciona-lizaciones. En ese caso le sirve de espejo, para que el paciente se mire a si mismo como realmente es.
Cada consejero tiene su propio estilo y forma de enfocar su trabajo. Muchos usan un enfoque pragmático, lo que quiere decir de acuerdo con la evaluación que han hecho de un cliente en particular, deciden que enfoque usar para poder ayudarlo según sus necesidades únicas.
Personalmente,  estoy convencida de que la terapia debe liberar al paciente: de su pasado, de las voces tóxicas que existen en su mente, de una visión pesimista del mundo, de expectativas que no estén bien fundadas en la realidad, de relaciones que hacen daño. Invito a  mis pacientes a explorar sus experiencias interiores (en ocasiones a través del uso de la pintura) y considero la terapia como un largo proceso de cambio que continuará más allá de las sesiones.
Los beneficios de la terapia se manifiestan en la capacidad para experimentar la vida más plenamente. Quienes buscan ayuda profesional son más concientes de las opciones que están eligiendo y de sus hábitos de pensamiento; los pacientes aprenden a confiar en su propia habilidad de tomar decisiones, aceptándose como son y asumiendo responsabilidad por sus actos.
Si estás pasado por un momento en el que parece difícil entender por qué tus relaciones se han hecho conflictivas o tienes niveles altos de ansiedad o te cuesta trabajo levantarse en las mañanas, tal vez necesites un consejero que te ayude a examinar lo que está ocurriendo. Tal vez has perdido claridad sobre el sentido de tu vida o has perdido a alguien muy querido, terminado una relación o has sido diagnosticado con una enfermedad limitante, crónica o terminal. En todos estos casos, un consejero puede ayudar. Un consejero profesional ayudará a ver la luz al final del túnel y a hacer de una situación difícil una experiencia positiva de aprendizaje que te hará crecer y sentirte más tranquilo y feliz.
Hay varios directorios de terapeutas/consejeros online. En este puedes entrar tu zip code y encontrar un terapeuta que te ofrezca el tipo de ayuda que necesitas.
www.therapists.psychologytoday.com/rms/

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Los recursos naturales no son infinitos

silviaHay cosas que damos por seguras porque parecen haber estado ahí siempre. El aire, el agua potable, la capacidad de los bosques para absorber el gas carbónico que emite nuestra producción industrial… nos parecen bienes públicos y que van a durar para siempre. Sin embargo, los desastres naturales de los años recientes y los reportes científicos alarmantes sobre el calentamiento global, más barbaridades que nunca debieron ocurrir como el derramamiento de crudo en el golfo, nos obligan a repensar todo: la forma en que vivimos, los mandatarios que elegimos, el sistema económico, las leyes.
¡Los recursos con que contamos para sostener nuestro estilo de vida no son infinitos! Y es urgente actuar para salvar el futuro de este planeta… si es que todavía no es muy tarde.
Démosle una mirada al impacto que la modernidad tiene sobre los ecosistemas.
La industria de la construcción ha devastado las selvas, por ejemplo, sin ofrecer ninguna compensación por la pérdida de los árboles que limpian el aire y retienen el agua y los nutrientes de la tierra.
Dos billones de personas en el pla-neta carece de acceso al agua potable. Nuestros basureros se llenan de objetos que hubieran podido reusarse, repararse o reciclarse. En este país nadie piensa en reparar un electrodoméstico porque los costos de la mano de obra son imposibles y en una sociedad de consumo los objetos no están hechos para que duren sino para que sean reemplazados por la siguiente generación del mismo producto.
La forma masiva (con dinamita, con chinchorro) en que se pesca en algunos lugares ha dañado los ecosistemas costeros, arriesgando la fuente de supervivencia de casi 30 millones de personas, especialmente en los países del tercer mundo. Esto repercute no sólo en los ingresos económicos. También significa un riesgo para su nutrición al desaparecer la principal fuente de consumo de proteína de los habitantes de esas regiones que viven de la pesca.
Con frecuencia se culpa a los más pobres de ser quienes más afectan los ecosistemas. Pero esto sólo es parcialmente cierto.  El tercer mundo se ha convertido en el lugar de desecho de materiales que en otros países es costoso disponer adecuadamente, incluyendo material radioactivo. La explotación de recursos en países del tercer mundo se hace sin considerar la protección del medio ambiente. Ahí está ejemplo en Colombia de la explotación de níquel en Cerromatoso y la explotación de platino en Andagoya, Chocó: bosques devastados, agua contaminada.
En un área selvática donde tuve la oportunidad de trabajar como médico en mi país, los colonos se veían obligados a “tumbar” un pedazo de monte, para crear un espacio donde construir su vivienda, tener animales y sembrar lo esencial para su supervivencia. Muchos de estos colonos habían sido desplazados de sus lugares de origen debido a la violencia, la urbanización de zonas rurales o la falta de oportunidad de empleo. No se los puede culpar.
El desastre del golfo es un campanazo de alerta. Uno se pregunta ¿cómo es posible que esta enorme compañía no hubiera previsto la posibilidad de un desastre como estos? ¿Cómo es que no tenían un plan de emergencia para responder a tiempo?
La Florida ya está sintiendo el impacto de este desastre. La costa oeste de la península ha visto una reducción del 25% en disminución de visitantes durante este verano y el turismo es la principal fuente de sustento para cientos de familias.
Pero muchas comunidades en el mundo, incluso sin el apoyo de sus gobiernos, están tomando la iniciativa para salvar sus recursos.
La revista Nature menciona la labor de Elinor Ostrom, premio Nobel en Economía del año pasado. En sus estudios de recursos como bosques, lagos, reservas pesqueras y praderas, dice la revista, Ostrom encontró muchos casos en que las comunidades han desarrollados mecanismos sofisticados para el manejo común de la propiedad.
En Costa Rica, menciona también la revista, el pago por servicios ambientales se ha generalizado con la mira en conservar la biodiversidad. Esos servicios se han financiado con impuestos al transporte y benefician a los campesinos que resuelven mantener reservas de bosque en su propiedad, beneficiando indirectamente a otros.
Compañías de seguros y compañías de embarque han financiado la reforestación de la zona del canal de Panamá para restaurar el flujo de agua dulce y prevenir la subida de las cuotas del seguro causadas por el riesgo del cierre del canal.
Pero es en últimas a los electores a quienes les toca tomar la iniciativa. La elección de funcionarios públicos, le-gisladores y gobernantes conscientes es fundamental para la supervivencia del planeta en condiciones que hagan posible una vida sana. No se puede elegir a personas que ni siquiera reconocen la existencia del calentamiento global, recalcitrantes que no están dispuestos a sacrificar un dedo por salvar la mano.
Salvar al planeta va a exigir sacrificios, pero a la larga nos va a conducir a una ritmo de vida mucho más razonable.

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La tragedia del progreso: una nota sobre el derrame de crudo

silvia1Hace casi 40 años leí un interesante libro que se llamaba “El gran miedo al año 2000″ por Henri Kubnick.
El libro hablaba de una serie de profecías que estaban circulando por entonces y que predecían el fin del mundo para el año 2000. Profecías basadas en por ejemplo el análisis de los símbolos contenidos en las pirámides de Egipto, los famosos versos de Nostradamus y otros semejantes.
Con una visión crítica e histórica, Kubnick señalaba que estos miedos eran cíclicos en la historia de la humanidad, que habían sido utilizados por corrientes filosóficas y religiosas para controlar adeptos y que al final… no resultaban ciertas.
Mi intención no es ahora hablar de todas las profecías que nos alertan sobre los desastres que ocurrirán en el año 2012, sino referirme al último capítulo del libro donde Kubnick recalcaba su escepticismo, basado en parte en las múltiples lecturas posibles de una predicción. Decía por ejemplo que las centurias astrológicas de Nostradamus también se habían leído como una predicción de fin del mundo para el año 1000 y contaba la reacción de la gente ante el miedo de los pobladores europeos (ricos donando su riqueza y haciendo penitencia, por ejemplo).
Que todo podía ser puesto en duda, decía el autor, pero lo que si no podía dudarse era de que el planeta se vería muy pronto abocado a desastres naturales y no tan naturales provocados directa o indirectamente por el hombre y que estos desastres podrían convertirse más temprano que tarde en la confirmación de las terribles profecías si no actuábamos para aminorar nuestro impacto sobre el medio ambiente.
La lectura de ese libro me abrió por primera vez los ojos ante la huella que dejamos en nuestro paso por el planeta. Recuerdo haber leído con afán su relato sobre los más recientes derramamientos de petróleo.
El siglo XX fue el siglo de la codicia por el “oro negro”. El control del crudo se volvió sinónimo de poder. La ambición contribuyó al desarrollo de la tecnología, empezó a extraerse crudo de niveles cada vez más profundos, se construyeron los famosos barcos supertanques para transportar y vender el petróleo y aumentaron los riesgos de desastres causados por derrames.
Se produjeron accidentes en tierra o en el mar durante procesos de extracción, daño de tuberías, atentados contra estas y las más dañinas y asustadoras, por accidentes de los supertanques petroleros.
Desde la publicación del libro mencionado (1976) hasta ahora, los accidentes se han repetido una y otra vez. El peor de todos se produjo durante la guerra del Golfo Pérsico el 23 de enero de 1991 cuando se derramaron 1.770.000 toneladas de petróleo, ¡una cantidad difícil de imaginar!
En 1979 se produjo un derrame en el Golfo de México de casi medio millón de toneladas. Son los dos derrames más grandes reportados.

Consecuencias de los derrames de crudo
Son tantas y tan serias las consecuencias que uno puede apenas enumerarlas en el espacio de una columna periodística.
Los expertos dicen que ha habido mucha demora después de la explosión de la plataforma Deepwater Horizon de BP el pasado 20 de abril, que causó la muerte de 11 trabajadores. Sólo una parte del crudo que quedó en el tanque sumergido ha podido ser bombeado a la superficie.
El nuevo derrame en el Golfo de México ha causado daño a la vida submarina y la pesca ha sido restringida en casi un 20% del golfo. Se calculan pérdidas para la industria pesquera del orden de los 2,400 millones de dólares desde cuando se produjo el accidente de la BP.
La mancha de crudo ha sido arrastrada por la corriente y amenaza con dañar los corales de los cayos al sur de la Florida y los manglares y otros ecosistemas en las islas caribeñas, además del daño que ya ha comenzado a causar en las costas de Luisiana y Alabama. Hasta la reproducción de las tortugas se verá afectada.
Para las pequeñas ciudades costeras en los estados que limitan con el Golfo, el derrame afecta trágicamente su fuente de subsistencia: no sólo la pesca pero también el turismo. Las playas están siendo cerradas ya en algunos lugares donde se observan pegotes de alquitrán.
Otra preocupación bien grande que se tiene es que los productos químicos que se están utilizando para dispersar la mancha de petróleo también tienen efectos secundarios funestos sobre la vida marina. Hay más información sobre el tema en:
http://OilSpillTruth.Wordpress.com
Los efectos pueden durar décadas y afectar toda la cadena alimentaria marítima.
Y mientras tanto, ¿nosotros qué?
Que tal empezar por ser más concientes de la forma en que vivimos, de cómo gastamos energía, de cómo nues-tro gasto estimula la ambición de las compañías petroleras… Vivir frugal y conscientemente parece ser el mejor camino. Todos somos corresponsables del universo.

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¿El mundo feliz de la infancia?

silviaTengo cinco años. Me siento enfrente de mi nuevo tocador que tiene un enorme espejo trapezoidal.  La imagen de mi cama nueva y mis cortinas nuevas brilla en el espejo.  Mi mundo entero se translada al interior del espejo con todas mis muñecas y muchos de mis juguetes. Me concentro en ese otro yo sentado al otro lado del espejo; detallo las mejillas sonrosadas y la cabeza redon-deada por cientos de tirabuzones que estiro despacio con mi peinilla para ver como rebotan como resortes y vuelven en un segundo a ensortijarse.
Estoy vestida con ropas nuevas y recién planchadas esperando al fotógrafo.  Muy quieta. Callada.  Soy una niña juiciosa que el Niño Dios va a tener en cuenta para la Navidad. 
La hermana menor de mi papá se casa hoy y yo soy damita de honor en su boda. Usaré guantes blancos de seda, nuevecitos y cargaré una pequeña canasta llena de flores de colores.
Entre más la miro, más me gusta la imagen en el espejo. Se ve tan linda con mi vestido nuevo de organdí blanco, aunque pica mi piel y se siente como picadura de pulgas. 
Una capita de piel de zorro cubre los hombros de la imagen en el espejo. La piel es para que no me muera de frío en la iglesia. Los templos son grandes, oscuros, tienen luces misteriosas entrando por las ventanas donde hay vidrios de colores y son siempre tan fríos, yo diría como una nevera de fríos.
Mis zapatos negros de charol brillan y me gusta la travilla dorada que tienen. Es un momento muy especial, me siento muy premiada.  Tengo todo lo que quiero, qué más puedo desear.
Mientras estoy absorta en mi propio reflejo en el espejo, la Tata abre la puerta.  Ella es la niñera de mi hermano pero también a veces es mi niñera. Esta toda elegante con un uniforme negro de cuello y puños blancos que las mucha-chas usan en ocasiones especiales como esta.  Su cabello negro brilla porque se ha puesto demasiada brillantina.
Leo enseguida la desaprobación en sus ojos. Me pregunta qué he estado haciendo. Bajo un poco los ojos porque ella me intimida.
¿Qué he hecho? Sentarme aquí,   quieta y callada, le digo. Pero no es una respuesta suficiente para ella. ¿A ver, niña, qué ha estado haciendo? Ella insiste, con su tono de reproche y una duda, una desconfianza mejor, en su voz. Mirándome en el espejo, le confieso.
“La vanidad es un pecado”, sermonea ella con su sabiduría de iglesia que sale a través de sus dientes apretados.
“¿Vanidad?” No entiendo.
“El diablo se lleva a las niñas vanidosas”.
“¿El diablo?”
“¿No ha oído nunca de esas niñas que se contemplaban tanto en el espejo?
Echo una mirada temerosa al espejo, una mirada rápida por si el diablo ha aparecido ya. Y ella, la Tata, sigue dictando su sentencia:
“El diablo aparece en el espejo, estalla el vidrio y se la lleva”.
Ella se me queda mirando muy fijo y con una sonrisa congelada en su cara.  Un nudo me aprieta mi garganta. Vanidad, diablo, se lleva a las niñas…
“Las niñas terminan asándose en el fuego del infierno”, remata ella, tan segura como si lo hubiera visto con sus propios ojos.
La Tata se toma su tiempo para cantaletear, aún dándose cuenta de que mis ojos se han humedecido y mi cara ha perdido la sonrisa.
El fotógrafo entra a la habitación con mi mamá después de esta eternidad. Yo la abrazaría si no fuera porque está tan bonita y elegante con su vestido nuevo y si yo también tan bien vestida. Estropearía los vestidos, dañaría la foto. Habría que volver a planchar. Llegaríamos tarde a la boda. Y de todos modos, ella no se da cuenta de que me he puesto triste.
La Tata para la cantaleta cuando ellos entran, bajo un poco la cabeza y cuando miro la imagen del espejo, está ahora como nublada.

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Podemos o no disminuir nuestro impacto negativo sobre el planeta

silvia2Leí de algún filósofo oriental hace tiempo que uno debe aprender de los animales. Uno de mis pasatiempos favoritos es sentarme a la orilla de un lago cerca del lugar donde vivo. Allí en el lago se congregan patos de distintos plumajes. Son tranquilos y pacíficos. Se echan en la grama a la sombra, a veces. De pronto uno de ellos se levanta y camina bamboleándose hacia el agua y se echa a flotar. Pronto otros lo siguen y luego se los ve nadando en línea. Sus movimientos son lentos y pausados y a veces se los ve avanzando en parejas. En ocasiones el macho corteja a la hembra y, si esta lo acepta, hay actividad nupcial después de la cual cada uno sigue su camino.
Esta paz rara vez se perturba; comen, duermen, caminan, nadan y todo parece estar en perfecta harmonía.
De pronto llega una familia de humanos. La mamá carga en una bolsita plástica pedazos de pan. El niño más pequeño  del grupo mete la manita en la bolsa y a instancias de la madre, se acerca a los patos y les tira comida. La paz se quiebra súbitamente. Los patos graznan, se menean con afán, se disputan el alimento. Hace un minuto no tenían hambre, pero no pierden la oportunidad de ganarse un alimento que no les requiere gasto de energía.
Yo miro allí cerca un letrero que dice “prohibido alimentar a los patos”.  La norma se ha roto sin penalidades.
Me pregunto por qué los humanos hacemos esto y cuáles son las consecuencias. ¿Se trata de proporcionar entretenimiento a los niños? Pero desde una nota más positiva pienso que quizás la mamá quiere promover el amor del niño por la naturaleza.
De la misma manera que alimentamos a los patos, sin pensar que estamos destruyendo su instinto y perturbando la harmonía de su bandada, de esa misma manera dañamos sin mucha consciencia el planeta en que vivimos, el que nos da sustento, el que ha de darle lo necesario para su subsistencia a nuestros hijos y nuestros nietos.
Hay aún controversia sobre si hay o no calentamiento global. Sobre si, en caso de que sea cierto que hay calentamiento, éste es producido o no por la actividad humana. Sobre si los glaciares se derriten en un rincón del globo mientras se producen nuevos gigantescos hielos en el otro extremo. Se sabe que hay científicos que han mentido con buena intención para que nuestra alarma nos obligue a prevenir una hecatombe. Se sabe que hay gobernantes que ocultan la verdad presionados por el gran capital que se asusta ante la perspectiva del ahorro de recursos porque eso recortaría su ganancia.
Yo personalmente, sin importar quién tenga la razón sobre este tema, mirando con calma la evidencia de los cambios climáticos y la frecuencia con que se están presentando los destructivos fenómenos naturales, pienso todo el tiempo en mi propio impacto sobre el planeta. Obsesivamente apago los bombillos que no se necesitan, hasta en los edificios públicos. Acorto mi baño con agua caliente. Trato de reciclar todo lo posible, de comprar de compañías que sé son cuidadosas con el medio ambiente, de usar la menor cantidad posible de productos químicos pues estos terminan en el agua y el aire que bebo y respiro.  Ya no compro agua embotellada sino que filtro mi propia agua en una jarrita y la reenvaso en una botella que puedo volver a usar. Sé que mi pequeño esfuerzo no es en vano porque se suma al de miles de personas que tienen también consciencia ambiental.
Y quiero poner otro granito de arena insistiendo a mis lectores que pongan atención a lo que hacen y al impacto que tienen sobre el planeta.
¿Quiere tener una idea de cómo afecta usted el planeta? Visite:  http://www.carbonfootprint.com/calculator.aspx

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“Lite” no significa lo mejor para su salud

silviaGaseosas, cervezas, comidas precocidas e inclusive aguacates modificados genéticamente, todos se han vuelto “lite” en los últimos años. ¿Pero qué significa en realidad ese rótulo? Por definición, cuando se habla de lite o ligero nos referimos a un producto con menos del 50 por ciento de grasas o menos del 50 por ciento de calorías. También se usa para designar bebidas con un contenido bajo de alcohol o comidas bajas en sal. ¿Pero es “lite” necesariamente más saludable?
Informándonos bien podemos evitar equivocaciones al seguir recomendaciones de salud. Por ejemplo, con las salsas para ensaladas. Tratando de evitar 120 calorías y 11 gramos de grasa en una cucharada de mayonesa, o 90 calorías y 18 gramos de grasa en una porción de queso azul (Roquefort), la gente prefiere las versiones Light de estos productos sin leer las especificaciones en el rótulo del producto. Si lo hicieran, verían que estos productos son efectivamente más bajos en calorías pero tienen un exceso de azúcares y sal y en realidad sólo son más ligeros en valor nutricional. Una mejor opción sería usar simplemente aceite de olivas que, a pesar de las calorías, nos provee ácidos grasos no saturados (omega-3, anti-inflamatorios).
Otro ejemplo son las comidas con rótulos de “menos sodio (less-sodium)”. La comida procesada es la principal fuente de exceso de sodio en nuestra dieta, exceso que se asocia con enfermedad cardiovascular. La ley requiere que el productor corte solamente un 25 por ciento de sodio del producto original. Sólo los productos marcados “bajo en sodio (low-in-sodium)” tienen los recomendados 140 o menos miligramos de sodio por porción.
Las personas que siguen dietas bajas en calorías pero aman las gaseosas, buscan gaseosas dietéticas que contienen aspartame en lugar de azúcar. Sin embargo, se han documentado 92 síntomas asociados con el uso de este edulcorante, desde dolores de cabeza hasta muerte. Defectos de nacimiento, lupus y esclerosis múltiple han sido asociados con el uso de aspartame, aunque aún la investigación no es concluyente.

• Se puede ganar peso tomando bebidas dietéticas
Sharon Fowler y sus colegas de la Universidad de Texas en San Antonio reportaron recientemente que quienes beben gaseosas dietéticas no sólo no pierden peso sino que lo ganan. El equipo de investigadores revisó ocho años de datos de 1.550 personas mexicano-americanas y estadounidenses entre 25 y 64 años. De los 622 participantes en el estudio que tenían peso normal al comenzar, cerca de un tercio terminaron con sobrepeso u obesidad.
“Lo que no nos sorprende es que el total de bebidas consumidas estaba relacionado con la obesidad y el sobrepeso”, le dijo Fowler a WebMD. “Lo sorprendente es que cuando observamos a la gente que sólo bebía gaseosas dietéticas, su riesgo de obesidad era aún mayor.
“El riesgo de sobrepeso aumentaba un 41 por ciento por cada lata o bote-lla de gaseosa dietética que la gente consumía cada día”, dijo Fowler.
No se puede engañar al cuerpo. La comida con poco valor nutricional, comparada con la comida fresca y na-tural, no lo mantiene satisfecho por mucho tiempo. Los investigadores llegaron a la conclusión que las gaseosas dietéticas estimulan el apetito.
Es importante convertirse en compradores concientes y hacer elecciones inteligentes en el supermercado, pero también hay que tener cuidado y no creer todo lo que se oye o lee. Es necesario desarrollar un criterio personal, investigar e informarse para crear hábitos saludables que incluyan el consumo de productos frescos, poco procesados y confiables.
Por qué cambiar una y otra vez de marcas o por qué improvisar comidas con distintos contenidos de calorías y grasas, sólo porque son anunciados en la televisión.
Con frecuencia, las personas que sólo están tratando de bajar unas pocas libras, se vuelven tan concientes de su apariencia que terminan obsesionándose sobre las calorías y el contenido de grasa de sus comidas y pueden terminar desarrollando desórdenes de alimentación (bulimia y anorexia) y obesidad. El mejor sendero hacia la salud es encontrar lo que funciona para cada cual y apegarse a las elecciones salu-dables que hemos hecho.

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